Recuerdo necesario: chile, dulce y mantequilla

La siguiente nota tiene tanto sabor como un caldo de pollo. Es insípido, pero necesario por la expansión del olvido.

Ilustración: Víctor Solís
Ilustración: Víctor Solís

Avant la réforme politique de 1977, la Commission électorale fédérale était composée du secrétaire de l’Intérieur qui la présidait, d’un sénateur, d’un député, d’un représentant de chaque parti et d’un notaire public qui en était le secretaria. Con la reforma se modifica la composición de la CFE: se mantienen sin cambios el secretario de Gobernación, el diputado, el senador y los representantes de los partidos. Sin embargo, desde la introducción del registro condicional de los partidos, sus representantes sólo tendrían derecho a voz, pero no a voto. Completaron el casting un secretario y el director del Registro Nacional de Electores también con voz, pero sin voto.

A medida que más y más partidos pasaran del registro condicional al pleno y, por lo tanto, tuvieran derecho al voto, el bloque gobernante podría perder el control del electorado. Por eso, tras las audiencias para una nueva reforma, en 1986, el presidente de Madrid propuso una nueva fórmula: dejaba intactos el secretario de Gobernación, el diputado y el senador, pero sólo los representantes partidarios de los tres tendrían la poder derecho a voto. Más votos. Hubo una rebelión de pequeños partidos en el Congreso y se optó por una fórmula de integración hiperfaccional: todos los partidos tendrían una sola voz y un solo voto, pero en proporción a sus votos. En 1988, el PRI tenía 16 representantes y 16 votos, y los otros 7 partidos tenían 12. Uno de los “jugadores” era el organizador y árbitro de la contienda.

Con la crisis poselectoral de 1988, quedó claro que el país no podía presentarse a nuevas elecciones federales con las mismas reglas e instituciones. Este fue el incentivo para construir el IFE. Y en su Consejo General las fuerzas estaban equilibradas. Tenían votos para el Secretario de Gobernación (presidente), 2 diputados y 2 senadores (uno de la mayoría y uno de la primera minoría), una representación proporcional de los partidos, pero atemperada (máximo 4 mínimo 1), y un entonces figura de novela que comenzaba a abrir un nuevo camino, los llamados magistrados asesores. Fueron 6, designados por mayoría calificada en la Cámara de Diputados a propuesta del Presidente. Esta figura se consideró el equilibrio, ya que por definición los representantes partidistas tenían intereses legítimos pero parciales, mientras que los asesores de las autoridades públicas bajo su investidura también tenían intereses partidistas.

En 1994, en medio de campañas políticas sacudidas por el levantamiento del EZLN, los partidos decidieron darse mayores garantías de imparcialidad en la lucha en curso. Los partidos tendrían cada uno un único representante, pero en adelante sin voto y los consejeros en adelante llamados ciudadanos reemplazaron a los consejeros magistrados. Ya no serían propuestos por el presidente, sino negociados en la Cámara de Diputados. Así, estos 6 concejales tenían más votos que los 5 representantes del Ejecutivo y el Legislativo.

La última vuelta de tuerca se dio durante la reforma de 1996. El gobierno dejó el IFE y los consejeros legislativos, uno por cada bancada, solo tendrían derecho a voz, pero no a voto, al igual que los de ida. En el camino, resultó que los representantes partidistas y los poderes constitucionales no podían ofrecer garantías de imparcialidad y permanecían vigilantes y sin poder de decisión. Por lo tanto, esta facultad corresponde a los asesores electorales.

José Woldenberg
Escritor y ensayista. Su libro más reciente es contra el autoritarismo.


Publicado originalmente en el universal.