‘Louise’ de Lucie Borleteau: la incógnita en la casa | Reseña de Pedro Adrián Zuluaga

“Louise”, una película francesa de 2019 y adaptación de una novela de 2016 inspirada en un evento de 2012, llega hoy a los cines colombianos. Conocida la realidad, esta película nos invita a pensar más allá de los resultados y centrarnos en los nudos, en lo que antecede a los actos y en sus huellas posteriores.

Qué Luisa Hoy se estrena en Colombia una película francesa cuyo título original es canción dos, que es también el título de la novela en la que se basa. Para esta novela, que las ediciones Cabaret Voltaire publicaron en español con el título Canción suave, la periodista y escritora franco-marroquí Leila Slimani ganó el prestigioso Premio Goncourt en 2016. Slimani recrea libremente un crimen ocurrido en Nueva York en 2012. Ustedes, lectores pacientes, podrán disculpar este comienzo precipitado, con el que quiero señalar, ante todo, la maraña de desplazamientos, traiciones y traslaciones. .

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Para dañar aún más su confianza, lector, y dado que todo lo que voy a hablar comenzó con un asesinato, voy a cometer un crimen yo mismo: cometer un spoilers. Me siento conmovido por esta acción porque la novela es plana y directa en su inicio: “el bebé está muerto. Unos segundos fueron suficientes. El médico aseguró que no había sufrido. […] La niña, por otro lado, todavía estaba viva cuando llegó la ayuda. Estamos así libres del resultado y atrapados en la intriga del por qué y el cómo.

La película, por el contrario, aunque en Colombia se llama Luisa, comienza con la voz de Myriam, madre de dos bebés; desplaza así, al menos parcialmente, el punto de vista sugerido por el título. Conocemos la languidez -pero también la asfixia- con la que Myriam afronta una vida doméstica entre pañales y biberones. El énfasis en la película está en el miedo. El pánico de que una madre – ¿alguien? – siente la probabilidad de que algo les pase a sus hijos. Así que nos estamos preparando para un suspenso en frances psicológica que ocurrirá dentro de los confines de un espacio doméstico. Un cliché: lo familiar que se vuelve siniestro.

Mira el tráiler de Luis:

No estamos en Nueva York sino en París, y en esta ciudad -tan hermosa, tan culta- Myriam y su marido acuerdan contratar una niñera. Así, ella, la mujer, podrá volver a trabajar. Después de varias entrevistas, eligen a Louise. Nada parece desafinado en esta elección. Louise ama a los niños y los niños la aman a ella. Mientras que la niñera en el caso real era una inmigrante dominicana, en la novela y en la película es una mujer francesa, interpretada con inquietantes matices por la actriz Karin Viard (a supermercado, la familia belier).

Poco a poco, ella, Louise, coge la película, la lleva a la espalda o la guarda en su bolsa marsupial como un canguro. El rostro y la expresión de Viard son ciertamente apropiados para suscitar dudas. Ella, que no es extranjera, es sin embargo extranjera. La otredad radical (¿mal?) puede estar en el corazón de una mujer francesa, empujada por las circunstancias a descender al abismo. Un descenso en el que nadie se salvará. Louise, que ha sido traicionada, prepara su traición.

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Finalmente quiero hablar de Medea. Las razones caen por su peso. Medea es la mujer traicionada que da muerte, la bruja, el instinto bárbaro. Louise es una Medea francesa (no una “bárbara” marroquí o dominicana) que medita sobre su venganza, que la anuncia. Dentro La imagen que extrañamos hoyde Pascal Quignard, el escritor nos habla de un fresco: Medea meditandopintado originalmente en la Casa dei Dioscuri (antigua Pompeya) y trasladado al Museo Arqueológico de Nápoles.

Quignard se da cuenta de lo que hay en la escena representada y de la imagen que le falta. En el fresco están Medea, que da la espalda a los dos niños, Mermeros y Feres, a los que va a matar en una acción posterior (que por supuesto no vemos en el cuadro). También está Tragos, el guardián de los más pequeños. Los niños juegan con pequeños huesos (en los que se convertirán). Quinard escribe: “Extraños y terribles antojos se abren camino a través de ella [en Medea]divergen en él, se oponen a él, hablan de él”.

la pelicula de luisa

Y después: “La pintura antigua nunca muestra la escena, no se ve el gesto cruel. […] La pintura antigua nunca ilustra la acción que evoca: representa el momento que la precede.. Sin embargo, para que tal pintura alcance toda su plenitud comunicativa, para que sea leída –es decir comprendida–, es necesario conocer el resultado. Los mayores (y contemporáneos) que asistimos a cualquier representación de Medea sabemos lo que sucederá: sabemos que Medea matará a los niños, y nuestra piedad por ella, por los niños muertos y por los padres vivos depende de este conocimiento.

Así que espero que al revelar un crimen conocido (un crimen que, en Luisa no se muestra) no me considera un traidor. En esta tensa película, a su vez desgarrada entre las convenciones del cine de género y la mirada personal de un autor, el interés se desplaza, se sitúa en otro lugar que el del cruel hecho, y le tocará a cada espectador encontrarlo. .

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