La recesión pende de un hilo

Tras la fuerte expansión de 2021, la producción sigue una tendencia a la baja en el año 2022, tal y como confirman las cuentas nacionales del tercer trimestre publicadas recientemente. Como se puede observar en el gráfico adjunto, en el primer trimestre la caída del PIB fue del -0,7% respecto al periodo anterior, en términos desestacionalizados, mientras que en el segundo se produce un repunte del 0,1% y en el tercero un fuerte descenso del -1,2%. Los índices mensuales (Imacec) subieron en agosto y septiembre, pero la caída de julio pesó en el resultado promedio del tercer trimestre. Y dado el comportamiento ligeramente positivo del segundo trimestre, la evolución descrita no se correspondía con dos trimestres consecutivos de caída del PIB, condición necesaria para calificar la situación como “recesión técnica”.

No sabemos qué ocurrirá en el cuarto trimestre de este año, en el que podría consagrarse una recesión en caso de una nueva caída de la producción. O bien, puede ser que esté en marcha un proceso de resiliencia de la economía, impulsado por la inversión por el lado de la demanda -que mostró un buen comportamiento en el tercer trimestre, aunque las perspectivas para la construcción no son buenas- y los servicios por el lado de la oferta. Veremos si tiene sentido o no el supuesto de resiliencia ante las políticas recesivas del banco central y el ajuste fiscal (se han cumplido dos trimestres de caída del consumo público) en nombre de la lucha contra la inflación.

Estas políticas hacen un mal diagnóstico: estamos en presencia de una inflación de los costos de origen importado más que de una inflación de la demanda por un “exceso” de consumo e inversión, principales componentes de la demanda global, lo contrario de lo productivo. capacidades que no podían seguir el ritmo en el corto plazo y hacer subir los precios. Pero estas capacidades no encuentran más cuellos de botella a gran escala que los causados ​​por cambios en las cadenas de suministro globales, que se están normalizando. Todos los grupos productores de bienes, a excepción de electricidad, gas y agua, registran niveles de producción en el tercer trimestre de 2022 inferiores a los alcanzados en el trimestre anterior, y por supuesto en el tercer y cuarto trimestre de 2021, etapa de una nueva aumento de la demanda interna.

La expansión de 2021 no ha sido “negativo”, como lo es la condena un tanto arbitraria en opinión del Banco Central. Al contrario, ha permitido retomar la línea tendencial de crecimiento anterior a la crisis pandémica de 2020. Este erróneo juicio le ha llevado a buscar a toda costa comprimir la demanda interna, que ya ha experimentado una caída de tres cuartas partes y un descenso global del 5,0%. Lo que se complicó fue el aumento del déficit en cuenta corriente, pero esto se dio por razones coyunturales, que ya se están resolviendo según el propio Banco Central. (mirar).

¿Hasta dónde quiere llegar el organismo autónomo encargado de la política monetaria para deprimir la demanda interna? Hay una especie de rechazo en este consejo contra cualquier expansión impulsada por la demanda, lo cual es un mal análisis económico de origen ortodoxo ampliamente cuestionado en la academia (ver, por ejemplo). La expansión de la producción y el empleo ciertamente no es el objeto de su política, aunque es un asunto de crucial interés para el resto de la sociedad. Sin embargo, paradójicamente, el cabildo pretende dirigir la política económica, que es responsabilidad de las autoridades democráticas, lo que se ve cuando incluso traslada opiniones sobre la reforma al sistema de pensiones, lo que no tiene nada que ver con su mandato. En estos días, la presidenta del banco central se ha permitido insinuar su impacto en el crecimiento a través del mercado de capitales, pero resulta que no tiene mandato sobre el crecimiento. Esto, en cambio, sería positivo, siempre que no se entienda como el de un “think tank” conservador, como ocurre actualmente. El Banco Central no es Libertad y Desarrollo.

Sigamos con la situación. En promedio, la oferta de bienes no ha experimentado una mayor expansión para atender la nueva demanda y, de paso, elevar sus precios. La minería y gran parte de la agricultura, la pesca y la silvicultura, así como la parte de la industria manufacturera que produce recursos naturales, muestran una evolución ligada a dinámicas ligadas a condiciones de costos y a sus ventas al exterior y no al consumo interno, retiros de fondos de pensiones o incluso la situación monetaria y presupuestaria a corto plazo.

La fuerte expansión de la demanda en 2021, fruto de la mala gestión económica en la que cayó el gobierno de Sebastián Piñera, se ha orientado hacia la importación de bienes, especialmente bienes duraderos, y hacia el consumo de servicios. En este último caso, la oferta experimenta pocos cuellos de botella a la hora de aumentar su oferta. La expansión de los servicios, especialmente fuerte en el caso de los servicios de transporte, comunicaciones e información (esta actividad ya representa un volumen superior al de la agricultura), los servicios financieros y comerciales y la vivienda e inmobiliaria, y en menor medida los servicios personales (esencialmente salud y educación), no ha sido un factor inflacionario más allá de la presión sobre los costos que implica el alza de los precios de sus insumos, en particular de la energía, en una “segunda vuelta” de presiones externas de precios .

Los precios internacionales de los alimentos, por su parte, han caído un 14,9% desde marzo y han incidido así en la caída de la inflación en Chile en los últimos tres meses, antes de la restricción monetaria. El impacto de los precios externos se ha visto amplificado por la devaluación del peso también en los últimos tres meses, que los incrementos en la tasa de interés interna no han variado mucho.

los incrementos Los choques de precios externos pueden ser objeto de políticas específicas para mitigar y compensar su impacto en los grupos más afectados, pero no se pueden evitar, especialmente mediante una recesión y una caída en el empleo y los salarios. No debemos olvidar que la inflación subyacente en octubre, sin considerar bienes cuyos precios son volátiles en el corto plazo, fue de solo 0,1% mensual (ver gráfico). La menor expansión de los precios subyacentes ha sido prácticamente recurrente desde el inicio de la aceleración inflacionaria en 2021, a pesar del efecto de segunda ronda. Veremos si los datos más recientes son ciertos en los próximos meses y si mostrarán o no que una política que hasta ahora estaba equivocada se está convirtiendo en una política ultra equivocada.

siga con nosotros

Mesa de noticias de Google

  • El contenido expresado en este foro compromete únicamente la responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la línea editorial o la posición de El contador.