Influencers, el cáncer de la sociedad que lo quiere todo gratis sin hacer nada

Influencers, el cáncer de la sociedad que lo quiere todo gratis sin hacer nada

Influencers, el cáncer de la sociedad que lo quiere todo gratis sin hacer nada

Hay un grupo de influencers que son la última tragedia del mundo. Quieren todo gratis. Comidas en los mejores restaurantes, alojamiento en hoteles de lujo, productos exclusivos. ¿A cambio de qué? Muy fácil: a partir de unas cuantas historias en Instagram en las que sus miles de fans pueden descubrir por arte de magia los bienes y servicios que valoran. O por el arte de su fama, que es casi lo mismo que la magia, porque nadie entiende cómo, cuándo o por qué se hicieron famosos y no merecen pagar nada.

El caso más reciente es el de Manuela Gutiérrez, una influencer que intentó hacer negocios? con el cocinero Édgar Núñez. Todo le parecía muy sencillo: pactar un pacto de intercambio publicidad-consumidor. ¿Qué era lo peor que podía pasar? Pronto tuvo la respuesta. El dirigente le respondió con una risa sin fisuras que apenas sirvió de antesala a la lección que estaba a punto de recibir Gutiérrez. La captura del intento de negociación fue subida a Twitter y allí las burlas solo se extendieron entre miles sorprendidos (con razón) por un cinismo más normal de los últimos años.

El arma de doble filo de las redes sociales ha sido el caldo de cultivo perfecto para que los famosos se hagan famosos. Nadie tiene la menor idea de sus méritos, pero en sus redes sociales tienen nada menos que 50.000 seguidores que siguen todos sus consejos, dale Como a sus ostentosas fotos y, intentemos simular el asombro, aspiran a ser como ellos: exhibiendo viajes en yates y aviones privados por medio mundo.

¿Cómo? Quién sabe, pero hay que hacerlo, y para hacerlo hay que soñarlo primero, y para soñarlo, qué mejor que un espejo aspiracional que muestre lo factible que es triunfar siendo inútil. ¿Por qué intentar buscar una vocación, si son los nuevos maestros? ¿Cómo rebatir el éxito de alguien que tiene millones en su cuenta bancaria sin romperse la cabeza? Unos cuantos bailes, imitaciones o bromas en Tiktok, unas cuantas fotos en la playa y, abracadabra, una vida decidida.

Si antes sorprendía que cualquier youtuber o creador de contenido tuviera una vida de lujos, aún hoy parece digno de admiración, pues incluso quienes produjeron videos dignos de la basura televisiva algo han hecho por tener el reconocimiento que sus fans les han brindado. Al menos contaron un chiste, hicieron algo raro, lo que sea, pero lo intentaron. Hoy todo lo que tiene que ver con la palabra esfuerzo da la impresión de ser anticuado.

Por no hablar de los días en que había que tener talento para ser un imán publicitario. Cantantes, actores, deportistas, cineastas, escritores. Todos eran famosos por algo y tal vez ni siquiera lo pidieron o lo querían, pero la publicidad y sus beneficios fueron solo una de las consecuencias que tuvieron que aceptar por mostrarles un regalo al mundo. Nadie podría cuestionar esta legitimidad del mérito. Y, sí, nunca habrían perdido la dignidad enviando mensajes privados para comer gratis a cambio de una historia fijada en sus perfiles de Instagram.

Ellos, los influencers, no tienen talento ni son creativos; tampoco tienen un nivel de pericia que los califique como especialistas en algo. Pero, paradójicamente y por desgracia, son todos en uno y al mismo tiempo: relaciones públicas, genios del marketing, gurús del emprendimiento, expertos en moda, tecnología y cualquier tema que saquen de la chistera. Al menos esa es la ilusión que proyectaron y bastantes ingenuos decidieron comprarles. Ser un bueno para nada nunca ha sido tan agradable.

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